Real Office

¿Tienes un Amstrad o brilli brilli del bueno?

Enero 2020

—Aquí no se puede teletrabajar…

—¿Cómo que no? Claro que podéis, solo hay que ver qué necesita la empresa y qué necesita el trabajador y encontrar el puente.

—… Va a ser que no. Yo necesito que los empleados vengan aquí y punto.

[…]

Marzo 2020

Una pandemia llama a la puerta. No a la de una organización. A las de todo el planeta. No se negocia con una pandemia. Es imposible. Y, por desgracia, el problema del teletrabajo fue una anécdota ante lo que se tuvo que vivir. Y sigue con nosotros.

Para que no nos aceleremos: hay que aclarar que aquello que fue impuesto no es teletrabajo, por más que a la pandemia le encante ir de moderna y tal. Cuatro meses, que parecieron una eternidad, trabajando desde una habitación con toda la familia, niños gritando, lavadoras, cocina, interrupciones y chutes de Zoom sin parar…; eso no es teletrabajo.

Pero llegó a nuestras vidas otra novedad: la «nueva realidad» y, con ella, un nuevo paradigma. ¿Qué vamos a hacer con lo que entendíamos que era ir a trabajar? Implica aceptar el cambio como parte de la vida. Algo inherente y veloz que no quiere ni que miremos atrás, ni que nos acomodemos mucho donde estamos, porque otro golpecito puede llegar de nuevo. Lo interesante del asunto es que nos enseña a desarrollar algo superválido: la resiliencia y la capacidad de adaptación.

No es que los espacios flexibles de trabajo llegaran con el COVID-19, ni mucho menos. De hecho, había espacios chulísimos en los que he estado antes de la pandemia y que desafortunadamente, como todas las oficinas, vieron sus espacios vacíos durante todo el confinamiento.

¿Qué hace que queramos estar en casa o que vayamos a la oficina? Las comodidades y el bienestar que nos ofrece cada una de esas opciones. Quedarnos en casa nos permite trabajar sin tener que trasladarnos, conciliar. Vale, y no tener que cambiarte el pantalón del pijama (aunque mentalmente es de lo más recomendable). 

Ir a la oficina te permite estar en el entorno corporativo, con el equipo y en el espacio habitual para ello. Pero cierto es que algunas oficinas se han quedado algo atrás en cuanto a las necesidades reales del momento. Señores: cambien los Amstrad, que el técnico que los puso se jubiló con Naranjito.

Si el bienestar es lo que nos ayuda a decidir, encontrar espacios de trabajo flexibles, seguros y sostenibles, preparados con la última tecnología y donde poder salir a la terraza, disfrutar de un jardín y de entornos abiertos es una gran solución. Si adaptarse es lo que ahora toca, debemos observar qué necesitamos y buscar espacios donde no solo estén las personas a gusto, sino que ofrezcan la posibilidad de manifestar nuestra propia voz, de compartir nuestra cultura.

Porque, aunque soy una defensora del teletrabajo, lo soy más del smart working. Y este implica no solo trabajar desde casa, sino desde donde nos dé la gana con todo lo necesario para poder hacerlo. Estoy colaborando con Colonial y Utopicus para darle una pensada a esto de cómo encontrar el mejor mix y entender cuáles son los mejores espacios para poder trabajar. Y, sí, me encanta trabajar desde casa. Pero no hay nada como trabajar con un equipo y es estupendo hacerlo desde espacios donde no lleguemos a sentir el aislamiento que se vive si solo trabajamos en casa.

El conectar con las personas, el vínculo, relacionarnos, eso nos da vida y es importante cultivarlo en espacios donde se potencie nuestra creatividad, nuestro sentimiento de pertenencia, nuestra productividad. Se trata de fomentar la sinergia juntos en espacios que impulsen nuestro talento, porque, vamos a ver…, que no es lo mismo trabajar donde no entra rayo de luz que poder respirar con tu gente en un espacio flexible. No hablo del típico entorno de coworking: hay espacios flexibles y luego están los que de verdad son un elemento más del equipo. Así se multiplican las sinergias. 

Siempre digo que nada como encontrarte una persona auténtica, coherente y de verdad, porque es entonces cuando estás ante el #BrilliBrilliDelBueno. Pero es que eso sucede también cuando entras en un espacio de los que te permiten ser tú y fluir.

Los nuevos modelos de negocio saben que el mejor resultado aparece de la sinergia entre las personas y el mejor espacio. Poder conversar, no tener que vivir enchufado a una pantalla y compartir con el equipo sube la moral. Que no nos hemos tirado meses encerrados echándonos de menos para seguir aislados. Y necesitamos espacios adaptados a lo que estamos viviendo. Capacidad de adaptación, porque nos necesitamos bastante.

No se trata ni de volver a las oficinas de antaño, aunque cambiemos los ordenadores, ni de celebrarlo todo en nuestras casas. Se trata de encontrar ese lugar que permita el bienestar de todos, donde no solo podamos trabajar de la mejor manera, sino que nos encontremos y podamos abrazarnos. Sí, abrazarnos, porque si perdemos eso… Nos vamos a acabar pareciendo bastante a un Amstrad. Ahora vas, y lo buscas (aunque, si eres de mis tiempos, te habrás flipado al acordarte de cómo era trabajar con eso).

Conectora de Employer Branding y Marca Personal.

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