Real Office

¿Teletrabajar? Quizá no sea siempre lo ideal

En el año 2020 el mundo que conocíamos cambió para siempre y modificó nuestros hábitos, nuestros pensamientos y nuestras prioridades. Además, también cambió nuestra forma de trabajar. Obligados por la emergencia sanitaria, millones de personas en todo el mundo abandonamos a la fuerza nuestras oficinas, nuestros despachos, las salas de descanso y los comedores de nuestras empresas para teletrabajar, porque no era seguro salir de casa.

Parece que el momento de volver ha llegado y Colonial y Utopicus, dos referentes en el mundo del sector de espacios flexibles de trabajo, me han pedido que dé mi opinión sobre los beneficios de hacerlo y por qué ha llegado el momento de plantearnos que todo ha cambiado.

Creo firmemente que el futuro no es 100% teletrabajo. Muchas funciones no son realizables remotamente, o lo son de forma parcial. La oficina SIEMPRE será necesaria porque, como decía Aristóteles, «El hombre es un ser social por naturaleza». Nuestro propio ser nos empuja a relacionarnos, a interactuar, a tener contacto con los demás, pero no a través de una pantalla o un teléfono, sino en persona.

Trabajar desde casa suena muy bien y quizá en algunas funciones es posible sin mayor impedimento, pero la mayoría de nosotros necesitamos el contacto, tanto personal como profesional.

Me pongo yo mismo como ejemplo. Como jefe de compras en una multinacional, se podría pensar que con un ordenador con conexión a internet y un teléfono puedo realizar mis funciones de forma remota. Y es cierto. Pero ¿qué hay de las funciones de liderazgo, de apoyo o creativas que presto a mis compañeros y que el resto también me prestan a mí y que solo surgen con el cara a cara? ¿O la dificultad de cumplir nuestro horario cuando trabajamos desde casa? ¿O la necesidad de disponer de un lugar para montar tu oficina en casa, lugar que no todos tienen?

Además, uno de los mayores problemas con los que me he encontrado teletrabajando ha sido la sensación de aislamiento, de que en la empresa pasaban cosas que yo no sabía, de que no se me tenía en cuenta para algunas decisiones… Sensación ilusoria pero que ahí estaba, generando más estrés a una situación ya de por sí muy complicada.

A lo largo de mi carrera profesional he perdido la cuenta de las veces que algún compañero ha venido a mi despacho a pedirme consejo o ayuda sobre un tema importante para ellos, y no solo profesional, también personal. Ese apoyo que todos hemos prestado en muchas ocasiones, o que nos han prestado a nosotros, desaparece en el modelo remoto. Son momentos que se resuelven solo en persona, no por Teams o Skype.

Cuando en la oficina tienes una duda o quieres comentar algo o saber otra opinión, es tan fácil como hablar con alguien que esté a tu lado, o hacerlo mientras tomas un café. Fin del problema. En remoto tendrías que escribir un chat, que al final no usas para no molestar. En consecuencia, mi trabajo ha sido mucho más individual, he pedido menos opiniones y me he nutrido muchísimo menos del conocimiento colectivo y de las conexiones con mis compañeros o con mi equipo. Nuestra cultura es la cultura del cara a cara, que, nos guste o no, es mucho más ágil y productiva que un chat o una videollamada.

Otro aspecto que he notado en remoto ha sido la dificultad para desconectar del trabajo. Parece que el trabajo lo inunda todo cuando estamos en casa y la conciliación se complica más. Incluso los empresarios desconfían de la productividad a distancia y temen que las jornadas en casa se vean lastradas por distracciones, cuando precisamente es todo lo contrario. Pero la duda ya está sembrada.

Lo que está claro es que la oficina ya no volverá a ser como era antes de la pandemia. El paradigma ha cambiado. A partir de ahora la clave está en apostar por la flexibilidad, combinando casa y oficina y facilitando la elección de días de teletrabajo que permitan la conciliación.

Pero el mayor reto al que se enfrentarán las organizaciones será adaptar sus espacios de trabajo para garantizar la seguridad de los trabajadores. Quizá sea el momento de erradicar los despachos para la mayoría y crear nuevos espacios abiertos, más luminosos, más ventilados, más colaborativos y sin puestos fijos. Quizá sea el momento de comenzar a pensar en adaptar nuestras oficinas al futuro. Quizá sea el momento de pensar en oficinas en las que, además de trabajar, tenemos que convivir.

Por todo ello creo que no podemos, ni debemos, vivir sin oficinas. En realidad, son parte de nosotros, siempre lo han sido y siempre lo serán.

Jefe de Compras y Storyteller. Escritor, ponente, colaborador en varios diarios y la Cadena Ser.

a

Magazine made for you.

Featured:

No posts were found for provided query parameters.

Elsewhere: