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Modelos híbridos, la nueva forma de trabajo

Decía Churchill que nosotros damos forma a los edificios y estos nos dan forma a nosotros. Los sitios donde trabajamos nos condicionan y moldean la cultura de la empresa. Si no, recordemos las oficinas cubículo del siglo pasado, llenas de mamparas y de espacios milimétricos. Resultaría difícil promover la colaboración y la innovación en entornos tan asfixiantes. Ahora, las exigencias del mercado han cambiado. En la actualidad, las culturas organizativas deben ser competitivas para adaptarse a los cambios, ágiles y flexibles en las respuestas a sus clientes y atractivas para que el talento quiera comprometerse… y todo ello requiere que los espacios físicos sean también los adecuados.

La pandemia, además, nos ha traído grandes aprendizajes. Hemos comprobado que el presencialismo diario no es necesario para alcanzar los objetivos, a pesar de los grandes temores que producían a más de un jefe. Y, al mismo tiempo, también vivimos en nuestras propias carnes el precio de la ausencia del contacto físico con compañeros, que influía en el bienestar emocional o, incluso, en la innovación, según un estudio realizado por Microsoft.

Por todo lo anterior, ahora son más importantes que nunca los modelos de trabajo híbridos, es decir, flexibles, que ofrezcan las ventajas de trabajar juntos y de trabajar en casa. Dichos modelos reflejan las culturas que buscan adaptarse al cambio, que quieren ser eficientes de cara a sus costes y sus clientes y que ponen a los profesionales en el centro de su estrategia. Por eso, no es de extrañar que actualmente sean los modelos híbridos los más deseados, como destaca un estudio elaborado por Boston Consulting Group. En una encuesta realizada a 10.000 profesionales, el 93 por ciento de los trabajadores quiere un horario flexible y el 76 por ciento quiere flexibilidad en el lugar de trabajo.

No podemos hablar de flexibilidad o de confianza si nuestro modelo de trabajo no lo es o si exigimos presencia diaria en posiciones que podrían realizarse desde cualquier otro lugar. Tampoco es saludable para la mayor parte de los profesionales trabajar solo en remoto, sin apenas contacto físico (seguro que muchos de nosotros podemos confirmarlo en primera persona). Los modelos híbridos son una clara solución, porque se apoyan en las ventajas de ambos escenarios y aprovechan las oportunidades que nos brinda la tecnología.

Como se explica muy bien en el white paper de 2021 de APD y Utopicus (la filial de espacios de trabajo flexibles de Colonial, líder en el mercado de oficinas), emprender un modelo híbrido de trabajo significa trabajar en tres grandes aspectos: espacios, personas y cultura. Con respecto a los espacios, estos deben ser flexibles, adaptables al negocio y pensados para los profesionales. En el apartado de personas, APD y Utopicus destacan las ventajas de los modelos híbridos en la comunicación y en la confianza. Y, en el apartado de cultura, permiten que se vivan los valores de flexibilidad, de colaboración y de confianza.

Los modelos híbridos son una clara apuesta; sin embargo, es curioso que en España, por ejemplo, un 37% de los encuestados afirme que su compañía ya ha retomado la jornada 100% presencial, según el informe de APD y Utopicus. Lógicamente, existen posiciones que requieren esta exigencia, pero en aquellas que no la precisan ¿se podría optar a un modelo híbrido?

En mi experiencia acompañando organizaciones en cambios culturales y de modelos de trabajo, reconozco que una de las posibles barreras son los estilos de dirección. El presencialismo, tan habitual en las culturas latinas e hispanas, no deja de ser una expresión del miedo y de la necesidad de control de algunos líderes. La exigencia de acudir a la oficina todos los días en posiciones que no lo requerirían no deja de mostrar una debilidad de quien lo impone. Inspirar a los equipos y ser competitivos con nuestros clientes requiere también un cambio de mentalidad de quienes dirigen.

Los modelos híbridos suponen una transformación y una oportunidad para muchas personas y organizaciones. Son una de las grandes apuestas para ser más competitivos, más atractivos para el talento y más congruentes con la cultura que deseamos. Y es que, ya lo sabemos, nosotros damos forma a los espacios y ellos nos dan forma a nosotros y a nuestras culturas empresariales.

Experta en management y desarrollo del liderazgo. Conferenciante y escritora.

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