Real Office

Diferencia entre alternativa e ideal

En 2003, mientras trabajaba como comercial en FedEx España, pude paladear, por primera vez en mi vida, las mieles y las hieles del teletrabajo.

Por aquel entonces, FedEx contaba con dos oficinas en nuestro país, una en Madrid y otra en Barcelona. Además de esas dos oficinas, en alguna otra plaza importante, como en mi ciudad natal, Valencia, la empresa había contratado vendedores que trabajaban desde casa.

Yo me había incorporado un par de años antes al equipo comercial de FedEx en Barcelona, donde trabajaba con otros 35 compañeros. Mientras, en Valencia, la compañía había contratado, casualmente, a un buen amigo mío, que teletrabajaba.

Al ser amigos desde hacía tiempo, Dani —que así se llamaba mi compañero de la oficina de Valencia— y yo hablábamos por teléfono casi a diario. Todavía recuerdo muchas de aquellas conversaciones, en las que, mientras yo envidiaba que él tuviese la oportunidad de trabajar desde casa, en mi ciudad, él se lamentaba amargamente de los inconvenientes que representaba el estar tan alejado del resto del equipo.

Su principal lamento siempre era el mismo: «Me encantaría poder estar ahí, con vosotros… Aquí, solo, hay días que no me quito ni el pijama».

Un día, apenas 18 meses después de su incorporación, Dani renunció. De hecho, esa fue la razón de mi traslado de Barcelona a Valencia a mediados de 2003. En 2005, tras un importante crecimiento en la zona, FedEx abrió oficina propia en Valencia. En los años siguientes, abrió en todas las plazas importantes del país.

Tras asumir la vacante de Dani, comencé mi propia relación con el teletrabajo. Desde entonces y hasta hoy, llevo 18 años teletrabajando habitualmente, pero, siempre que he podido, he acudido a la oficina.

Salí de FedEx y de Valencia en 2005 y, tras 20 años desarrollando mi carrera profesional en otras dos multinacionales, a lo largo de tres continentes, regresé a Valencia en 2015.

Desde mi regreso me he ganado la vida como mentor y consultor estratégico especializado en liderazgo, toma de decisiones y mejora de la experiencia del empleado. Debo reconocer que desde que comenzó la pandemia cada día me consultan más empresas acerca de las ventajas e inconvenientes de implantar un modelo de teletrabajo. La primera pregunta que me suelen formular todos los clientes es «¿Y tú qué opinas del teletrabajo, Jordi?».

Mi respuesta es siempre la misma: «El teletrabajo no es para todas las empresas, ni para todas las personas, ya que, mal gestionado, puede causar serios problemas en términos de pérdida de motivación y compromiso, que, además, son difícilmente detectables, tremendamente dolorosos y, muchas veces, resultan irreparables».

Y es que, aunque teletrabajar nos ofrece muchas ventajas, también requiere de unos hábitos, motivación, disciplina e inteligencia emocional que no todo el mundo posee, ni todas las empresas son capaces de promover y gestionar.

Por eso, cuando hablamos de desarrollo y gestión de talento, de experiencia del empleado, de satisfacción y compromiso, el aislamiento no debería ser nunca la primera opción, sino una alternativa que nos permita continuar desempeñando nuestra función cuando las circunstancias, personales o profesionales, así lo requieren.

En países como Noruega o Finlandia, o incluso en la mitad norte de los EE. UU., es habitual teletrabajar los días de intensa nevada, para prevenir accidentes, pero, una vez se puede volver a circular, todo el mundo entiende que lo ideal es volver a la oficina, por muchas razones.

Teletrabajar ofrece ventajas para empresa y trabajador, pero, más allá de esas bondades, también implica importantes riesgos, que pueden afectar negativamente la experiencia del empleado, más aún si no somos conscientes de ellos.

5 importantes riesgos relacionados con el teletrabajo y cómo prevenirlos

Los psicólogos apuntan a que el teletrabajo puede causar serios problemas en términos de salud mental a quienes no cuentan con la suficiente fortaleza mental, autoestima, capacidad de automotivación y disciplina.

El problema es que, al igual que ocurre con otras enfermedades, los síntomas se hacen visibles cuando ya es demasiado tarde, por lo que es importante tratar de anticiparnos a ellos con medidas preventivas.

1. Menos oportunidades para sociabilizar: Trabajar de forma remota hace que sea más difícil establecer vínculos con otros seres humanos. Incluso cuando disponemos de las herramientas de comunicación adecuadas para teletrabajar, estamos reduciendo las posibilidades de desarrollar esa necesidad vital de socializar que tenemos los humanos.

Trabajar en una oficina nos brinda la oportunidad de vincularnos emocionalmente a otras personas a través de las experiencias compartidas, por lo que siempre será mucho más beneficioso.

2. Pérdida del sentido de pertenencia: Pero, más allá de interactuar con otros seres humanos cada día, lo que nos produce más felicidad es sentirnos parte integrante de ese grupo. Según numerosos estudios la falta de sentido de pertenencia provoca que decaiga nuestro estado de ánimo y aumente nuestra tristeza.

De nuevo, trabajar en una oficina favorece las oportunidades de desarrollar ese sentido de pertenencia que resulta esencial para nuestra satisfacción laboral y personal.

3. Desmotivación: Los seres humanos somos capaces de lograr casi cualquier cosa cuando contamos con motivación y apoyo. Buena prueba de ello es el éxito de Weight Watchers, un grupo de mujeres que eran incapaces de perder peso solas en sus casas y que, sin embargo, lograron extraordinarios resultados gracias a la motivación que les proporcionó asistir a reuniones en casa de una de ellas, compartiendo su experiencia con otras mujeres que padecían sus mismos problemas. Hoy es un negocio multimillonario, con centros de reunión en cientos de ciudades.

Y es que reunirnos físicamente con otros que comparten nuestros objetivos, adquirir con ellos un compromiso y recibir su apoyo y comprensión en persona incrementa nuestra motivación y multiplica nuestras posibilidades de lograr nuestros objetivos.

4. Pérdida de hábitos saludables: Son muchos los profesionales que en modo teletrabajo adquieren malos hábitos, como reducir la frecuencia de aseo e higiene, o no cambiarse de ropa.

Otro efecto colateral del teletrabajo es que también comemos más, ya que, al estar en casa, es más fácil sentirse tentado de acudir a la nevera a picar algo cada poco tiempo, como revela una encuesta del doctor Diego Bellido, jefe de sección de Endocrinología y Nutrición del Complejo Hospitalario de Ferrol, que confirma la ganancia media de peso de 2 a 3 kilos asociada a una mayor ingesta calórica en profesionales que trabajan en su casa. En el caso de los fumadores, los estudios confirman que el teletrabajador fumador incrementa su consumo de tabaco en hasta un 50% diario, al tener que salir a fumar[MB1] .

Trabajar en la oficina nos obliga a activarnos física y mentalmente cada día, así como a cuidar nuestra indumentaria y mantener hábitos saludables.

5. Dificultad para desconectar: A pesar de lo que muchos creen, trabajar desde casa no siempre nos permite conciliar mejor. Además, vivir y trabajar en un mismo lugar hace más difícil desconectarse mentalmente al final de la jornada laboral, lo que resulta en jornadas de trabajo más largas.

Se estima que los profesionales que teletrabajan promedian más horas de trabajo a la semana, pero no solo hacen más horas, sino que además sus horarios tienden a ser más irregulares.

Es indiscutible que el teletrabajo ofrece muchas ventajas, pero no podemos olvidar que, como todo en la vida, también tiene sus inconvenientes, especialmente en términos de salud mental para quienes no cuentan con la disciplina profesional y la inteligencia emocional que exige esta modalidad de trabajo.

En mi opinión, debemos entender el teletrabajo como lo que siempre ha sido, una alternativa que nos permite desempeñar nuestras obligaciones profesionales cuando las circunstancias, personales o coyunturales, nos impiden hacerlo desde el lugar y la forma ideal para hacerlo.

¿Cuál es la forma ideal? En mi experiencia, tras casi 20 años, trabajar en un mismo lugar, en equipo, construyendo relaciones basadas en la confianza y la cercanía, sintiéndonos parte importante del proyecto, así como recibiendo el apoyo y reconocimiento que merecemos por nuestra contribución a un objetivo colectivo.

Todo eso, en la distancia, se diluye.

Y, si alguno está pensando «Ya, pero es que ahí está el problema…, que en mi empresa no existe nada de eso…», lo entiendo y lo lamento, pero, si ese es el problema, la solución no se llama teletrabajo. Esos problemas se resuelven con comunicación, colaboración y empatía, antes que con distanciamiento y soledad. ¿No crees?

¿Hora de reflexionar?

Experto en ciencias de la conducta aplicadas al liderazgo y la innovación empresarial.

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