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La conexión de un equipo es fundamental

He trabajado en diversidad de espacios de trabajo, grandes y pequeños, espacios con puertas cerradas y espacios completamente abiertos, unos dinámicos y otros estáticos con mucha burocracia, espacios cálidos y otros fríos como un témpano.

Cuando Colonial y Utopicus me ofrecieron colaborar con ellos dando mi visión sobre cómo adaptar las nuevas necesidades de las organizaciones a la situación actual, me vino a la cabeza el trabajo en equipo. Desde que comencé a trabajar siendo una pequeña becaria inexperta me fijé en quién me podía apoyar para aprender e ir creciendo y apareció un equipo fabuloso con el que compartí muchas experiencias.

Cambié de trabajo varias veces y siempre he podido apoyarme en los equipos con los que he compartido mi día a día en la oficina. Con ellos he madurado profesional y personalmente, me he enfrentado a miedos, a frustraciones, he compartido aventuras, viajes, ferias, días interminables y grandes éxitos.

He tenido la suerte de participar en muchos equipos: multidisciplinares, departamentales o por proyectos. Los equipos con los que he trabajado han sido mi mayor aprendizaje; los profesionales con los que he podido compartir proyectos me han enseñado muchas cosas, han sido grandes maestros de vida.

Más tarde me convertí en responsable de departamento y empecé a pensar cómo se formaba un equipo de trabajo. Entendí que cada persona tiene unas necesidades y descubrí la importancia de tener canales abiertos de comunicación.

La conexión de un equipo es fundamental para la eficiencia en los proyectos; para ello es necesario estudiar cómo hacer partícipe de todo a las personas implicadas, cómo aumentar su intervención y qué condiciones mejorar para conseguir su bienestar y motivación en el trabajo.

Muchas veces creas un equipo por las necesidades que tienes y empiezas a trabajar con esas personas que has elegido por diferentes razones. No los conoces bien, así que es importante disponer de espacios donde se dé la confianza para acercarse unos a otros. Hay que dejar fluir, crear ese ambiente de apertura, distensión y a la vez de exigencia y fortaleza, donde crecer como persona no es tan arriesgado y te sientes acompañado.

Siempre me ha gustado tener cerca a mi gente, cada uno haciendo su trabajo, pero sabiendo que estábamos al lado unos de otros y que podíamos comunicarnos de forma casual si nos necesitábamos.

Todavía oigo las risas de Carmen cuando nos contaba las anécdotas de su familia con ese acento de Granada. Por la mañana, cuando llegaba a la oficina, podía ver a Sofía y a Diego, sus miradas cómplices, evaluar su humor. También podía oír a Ángel o a Raquel, el equipo de fábrica, con quien podía ver cuándo estaban las cosas bien o cuándo había problemas solo mirándolos.

Se aprende mucho compartiendo espacios, y en mi último trabajo estábamos todos juntos en una sala. Así aprendí a olfatear las crisis, esos días en que la tensión se puede palpar, o las grandes victorias que finalmente convertían la oficina en un día de celebración. La presencialidad genera esta conexión, que es más compleja de conseguir si no nos vemos todos los días.

Cuando oyes sin querer conversaciones y sabes que tu compañero lo está pasando mal y le traes un cafecito, cuando aprovechas una mirada para echarte unas risas y cambiar el día, cuando estás a tope y motivas al resto… A veces cansa, otras veces divierte, pero siempre se siente más cerca a la persona cuando la tienes al lado. Me gusta hacer comunidad, generar confianza, motivar equipos y sacar lo mejor de cada persona a través de una observación y de un análisis de sus necesidades.

También existe otro aspecto a destacar para generar un equipo fuerte, y es confiar en los equipos, pero sobre todo en las personas. Por eso disfruto trabajando con empresas que promueven la flexibilidad horaria y de espacios entre sus trabajadores.

La conciliación laboral y el no sentirse preso de las horas ni de los horarios, así como poder gestionar correctamente los imprevistos familiares o personales, permite a las personas estar más tranquilas, y esa confianza en su responsabilidad también apoya la unión al equipo. Así que el trabajo presencial combinado con el remoto o teletrabajo me parece un gran acierto.

En mi sector, la industria alimentaria, se está llegando a un mejor equilibrio de gestión de proyectos, en que la parte presencial y remota se combina.

Poder trabajar proyectos con equipos en diferentes países en remoto y planificar las reuniones presenciales cuando el proyecto es más maduro es algo muy ventajoso para todos. La apertura al mundo sin desplazamientos abre un sinfín de posibilidades y es maravilloso.

He tenido la suerte de poder combinar ambos mundos y sacar de cada uno las vivencias que nos aportan. Para mí esta es la base de estar a gusto y, por supuesto, de trabajar mejor y de forma más eficiente. Y ¿no es esto lo que queremos de nuestros equipos?

Los equipos fuertes mueven montañas y tener un espacio de trabajo bien gestionado, agradable y cómodo genera un confort que ayuda a sentirse bien. Si esto se combina con una libertad basada en la responsabilidad y en la confianza se conseguirá un gran ambiente de trabajo.

Consultora B2B de innovación en alimentación

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